Veneno en el Huerto de Dios

febrero 14, 2026

Los celos amargos y la contención que destruyen a la iglesia del Señor…

Por Luis Felipe Torres Muñoz | Derechos Reservados 2026

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Texto Base: Stg 3:14-16 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 15. porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. 16. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

Analogía 

Imaginen un hermoso jardín. Todo está en orden: las flores florecen, los árboles dan fruto, el agua corre limpia. El jardinero cuida cada planta con esmero. Los visitantes quedan maravillados. «¡Qué jardín tan perfecto!», dicen. Pero un día, el jardinero nota algo extraño: el árbol más grande y frondoso, aquel bajo cuya sombra todos se sentaban a descansar, comienza a marchitarse. Las hojas amarillean, los frutos caen antes de tiempo, las ramas más cercanas al suelo se secan. El jardinero hace todo lo posible: riega más, poda con cuidado, aplica fertilizante. Nada funciona. Un día decide cavar. Y entonces lo descubre: debajo de la tierra, invisible a la vista de todos, una raíz podrida está envenenando a todo el árbol. No se ve desde afuera. Se ve un árbol frondoso, pero por dentro, algo está muriendo.

Así es la Iglesia de Cristo cuando los celos amargos y la contención se instalan en el corazón de sus miembros. Todo puede parecer normal en la superficie: los cánticos se entonan, las oraciones se elevan, el pan y la copa se comparten cada primer día. Pero por dentro, invisible a los ojos de los hombres, una raíz venenosa está matando el jardín de Dios. Santiago nos llama hoy a cavar, a examinar la tierra del corazón, antes de que el veneno lo destruya todo.

La iglesia de Dios no es destruida únicamente por persecutores externos. Con frecuencia, las heridas más profundas vienen de adentro. El apóstol Pablo lo advirtió claramente:

«Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces… y que de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.» Hechos 20:29-30.

Santiago, en su carta, nos revela con precisión quirúrgica cuáles son esas «cosas perversas» que nacen del corazón corrompido y que destrozan el cuerpo de Cristo. Hoy examinaremos su enseñanza con temor y amor.

  1. Introducción: Dos Sabidurías en Conflicto.
    1. El contexto que no podemos ignorar:

Santiago no escribe al vacío. Su carta esta dirigida a creyentes en congregaciones reales, con problemas reales. En el capítulo 3, ha examinado el poder destructor de la lengua (vv. 1-12). Ahora expone la raíz que alimenta esa lengua destructora: El corazón corrompido por una sabiduría que no es de Dios.

  • El problema no es solo como hablan, sino cómo piensan y qué aman.
  • La pregunta de Santiago: ¿De donde viene tu sabiduría? ¿Quien te la dio?

«¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.» Santiago 3:13

  1. La pregunta central del texto (la cuestión).

El pasaje plantea una pregunta que cada iglesia debe responderse con honestidad:

  • ¿Qué sucede cuando los miembros de la Iglesia del Señor adoptan una sabiduría que no viene de Dios? ¿Qué fruto produce? ¿Qué destruye?

La respuesta de Santiago es clara y nos confronta directamente. No hay evasión posible: la sabiduría que nace de los celos amargos y la contención destruye la unidad, la paz, y la misión de la iglesia.

PUNTO I: LOS CELOS AMARGOS Y LA CONTENCIÓN: EL DIAGNÓSTICO  (v. 14a).

  1. Lo que dicen las palabras originales:

Para entender bien la Escritura, debemos prestar atención a las palabras exactas del texto. El griego koiné (el idioma del Nuevo Testamento) nos da una claridad extraordinaria en este pasaje:

ζῆλον πικρόν (zelon pikron): «Celos amargos». El término ζῆλος (zelos) puede ser positivo (celo por Dios, Rom. 10:2) o negativo (envidia corrosiva). Aquí está calificado como πικρόν (pikron): amargo, agrio, que causa dolor. Es el mismo adjetivo que describe el agua salada en v. 12. Un celo que envenena.

ἐριθείαν (eritheian): «Contención». Originalmente describía al trabajador jornalero que buscaba su propio beneficio por encima de todo. En el NT siempre tiene connotación negativa: ambición egoísta, faccionismo, divisividad calculada. Pablo la lista entre las obras de la carne (Gál. 5:20).

  1. ¿Cómo se manifiestan en la iglesia concreta?

Estos dos venenos no suelen presentarse con etiqueta propia. Nadie dice: «Tengo celos amargos.» Nadie confiesa: «Estoy buscando facciones.» Se disfrazan de celo por la verdad, de preocupación por la iglesia, de deseo de justicia. Pero sus frutos los delatan.

Los celos amargos en la iglesia aparecen cuando:

  1. Un hermano no puede alegrarse sinceramente del crecimiento espiritual de otro. Cfr. 1 Cor. 13:4-6.
  2. Se sufre cuando otro recibe reconocimiento, se predica más, o es más consultado.
  3. Se menosprecia el don ajeno para realzar el propio. Cfr. Rom. 12:3, 10.
  4. Se desea el lugar, la influencia, o la posición que ocupa otro hermano en la congregación.

«El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece…» 1 Corintios 13:4.

La contención (ambición egoísta) en la iglesia aparece cuando:

  1. Se forman grupos alrededor de personas («Yo soy de Pablo… yo soy de Apolos…»). 1 Cor. 1:11-13.
  2. Se manipula la asamblea para obtener decisiones que favorecen los propios intereses.
  3. Se actúa con apariencia de celo por la iglesia, pero el fin real es el protagonismo personal.
  4. Se divide la grey para seguir a un líder humano en lugar de someternos todos a Cristo. Cfr. 3 Jn. 9-10.

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.» Filipenses 2:3.

  1. Precedentes bíblicos: cuando esto ocurrió en el pueblo de Dios:
    1. Coré, Datán y Abiram: celos y contención contra Moisés; resultado: tierra que se abrió. Núm. 16:1-3, 31-33.
    2. Miriam y Aarón: murmuraron contra Moisés por envidia. Núm. 12:1-10.
    3. Los discípulos: disputaron entre sí sobre quién sería el mayor. Luc. 22:24.
    4. Diotrefes: le encantaba tener el primer lugar en la iglesia; rechazó a los hermanos. 3 Jn. 9.

En cada caso el patrón es idéntico: un corazón que no se somete, que busca su propio lugar, que no puede soportar que otro brille más. Esto no es sabiduría. Es orgullo disfrazado.

PUNTO II: EL AUTOENGAÑO: JACTARSE Y MENTIR CONTRA LA VERDAD  (v. 14b).

  1. La contradicción fatal:

Santiago añade una advertencia solemne: «no os jactéis, ni mintáis contra la verdad». La persona que tiene celos amargos y contención en el corazón, y aun así se jacta de ser parte de la iglesia del Señor, esta cometiendo dos pecados simultáneos:

  1. JACTANCIA: Alardear de pertenecer a la iglesia, de conocer la Biblia, de ser más fiel, más correcto, más comprometido, mientras el corazón está envenenado por la envidia. Cfr. Prov. 16:18.
  2. MENTIRA CONTRA LA VERDAD: El griego καταψεύδεσθε (katapseudesthai) implica mentir en contra de algo, contradecir la verdad con los hechos de la propia vida. El celoso y el contencioso mienten contra el evangelio que dice profesar. Cfr. 1 Jn. 2:4.
  3. El autoengaño es el peligro más grave:

«Si alguno se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engañaGálatas 6:3.

La persona que vive con celos y contención en la iglesia suele ser la última en reconocerlo. Se convence a sí misma de que:

  1. «Simplemente tengo celo por la verdad» (pero en realidad es celo contra una persona).
  2. «Estoy defendiendo la iglesia» (pero en realidad está formando su propio grupo de influencia).
  3. «Es que hay problemas reales que nadie quiere ver» (pero los utiliza como excusa para el protagonismo).

La solución que propone la Escritura es la honestidad de corazón: el examen propio, el reconocimiento del pecado, y la humillación ante Dios.

«Examínese cada uno a sí mismo…» 1 Corintios 11:28a.

«Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.» 1 Juan 1:8.

  1. La mentira que contradice el evangelio:

Cuando la conducta del creyente contradice lo que proclama, el evangelio mismo queda desacreditado ante los ojos del mundo. Jesús fue tajante:

«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otrosJuan 13:35.

Pregunta para la congregación: ¿Puede el mundo ver en nuestra iglesia local el amor que Jesús describió? ¿O ve contiendas, divisiones, grupos cerrados, y murmuraciones? ¿Qué mensaje estamos enviando?

PUNTO III: EL ORIGEN: LAS TRES CARAS DE UNA SABIDURÍA FALSA  (v. 15).

  1. El veredicto de Dios sobre esta sabiduría:

Santiago no deja margen para la ambigüedad. Pronuncia el juicio de Dios sobre la sabiduría de los celosos y contenciosos con tres palabras devastadoras: 

Estas no son tres formas de decir lo mismo. Son una progresión descendente que revela la fuente, la naturaleza, y el origen sobrenatural del mal que acecha a la iglesia.

  1. TERRENAL (ἐπίγειος — epigeios):

«Terrenal» significa que esta sabiduría tiene su origen y su meta en las cosas de esta tierra. No piensa en la eternidad. No busca el reino de Dios. Sus categorías son: poder ahora, reconocimiento hoy, influencia presente, resultado visible.

  1. El hombre terrenal mide todo por lo que puede ver, tocar, y controlar. Cfr. Col. 3:1-2.
  2. En la iglesia, el celoso terrenal se preocupa por:
    1. ¿Quién tiene más influencia? ¿A quién escuchan más?
    2. ¿Por qué predicó él y no yo? ¿Por qué le pidieron consejo a él?
    3. ¿Cuántos me apoyan a mí en esta posición?

«Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del EspírituRomanos 8:5.

  1. ANIMAL (ψυχική — psychike):

«Animal» en el griego es ψυχική (psychike), del término ψυχή (psyche = alma/vida natural). No es un insulto ordinario; es un término técnico que Pablo también usa:

«Pero el hombre natural (psychikos) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura…» 1 Corintios 2:14.

El creyente que opera con esta sabiduría es «psíquico» en el sentido negativo: actúa solo con su naturaleza humana y carnal, sin dejarse guiar por el Espíritu Santo. Sus reacciones ante los conflictos son instintivas, carnales, movidas por el ego y el orgullo. 

  1. No busca al Señor en oración antes de hablar en la asamblea.
  2. No aplica la enseñanza de Cristo sobre cómo tratar al hermano que le ha ofendido. Mat. 18:15-17.
  3. Reacciona según impulsos de la carne: el orgullo herido, el deseo de vindicación, el placer de tener razón.
  4. DIABÓLICA (δαιμονιώδης — daimoniodes):

Esta es la palabra más solemne del versículo. La sabiduría de los celos y la contención no es solo humana: tiene un origen sobrenatural maligno. El diablo es el padre de la división, el que sembró cizaña (Mat. 13:39), el que usó a Pedro para desviar a Jesús (Mat. 16:23), el que tentó a Judas (Jn. 13:27).

«Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar1 Pedro 5:8.

El diablo no necesita introducir herejías teológicas para destruir una congregación. Le basta con alimentar los celos de un hermano hacia otro. Le basta con avivar la ambición de quien quiere el primer lugar. Una iglesia dividida por celos y contención es una iglesia en la que el enemigo ha ganado terreno.

«Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.» 2 Corintios 2:11.

PUNTO IV: LOS EFECTOS: LO QUE DESTRUYEN EN LA IGLESIA LOCAL  (v. 16).

  1. La perturbación (ἀκαταστασία — akatastasia):

«Perturbación» traduce el griego ἀκαταστασία (akatastasia), que en su uso clásico describía la anarquía política, el caos social, la revolución que subvierte el orden establecido. En la iglesia, esta palabra describe:

  1. Confusión sobre quién tiene autoridad y quién debe ser escuchado.
  2. Falta de paz en las asambleas: tensión que todos sienten pero nadie nombra.
  3. Incapacidad de llegar a acuerdos porque los celos impiden la confianza mutua.
  4. Divisiones que fracturan la congregación en grupos que se vigilan unos a otros.

«Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos1 Corintios 14:33.

Nota: Pablo usa la misma palabra (ἀκαταστασία) para describir el caos de las asambleas desordenadas en Corinto. Los celos y la contención en los corazones producen exactamente el mismo resultado que el desorden en el culto: una asamblea que no honra a Dios.

  1. Toda obra perversa (πᾶν φαῦλον πρᾶγμα):

Santiago es absolutamente incluyente: «toda» obra perversa. El término φαῦλος (phaulon) significa aquello que es inútil, sin valor, moralmente malo. Cuando los celos y la contención reinan, ningún fruto bueno puede producirse:

  1. La evangelización se detiene: nadie quiere traer a un amigo a ver una iglesia dividida.
  2. La edificación mutua se interrumpe: los hermanos dejan de edificarse y comienzan a vigilarse.
  3. La adoración se vuelve hipócrita: se canta al Señor mientras se odia al hermano. Mat. 5:23-24.
  4. Los débiles se escandalizan y se pierden: los nuevos creyentes ven las rencillas y huyen. Rom. 14:13-15.
  5. Los líderes gastan sus energías en apagar incendios relacionales en vez de predicar y enseñar.

«¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?» 1 Corintios 6:7.

  1. El contraste que Santiago presenta: la sabiduría de lo alto (vv. 17-18):

Para que la congregación vea la diferencia con claridad, Santiago describe el fruto opuesto: la sabiduría que viene de Dios. Este es el estándar que debemos buscar:

«Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresíaSantiago 3:17.

  1. Pura: sin mezcla de motivos egoístas.
  2. Pacífica: busca la paz con denuedo, no la contienda.
  3. Amable: cede en cosas no esenciales por amor al hermano.
  4. Benigna: dispuesta a ceder, a escuchar, a dar el beneficio de la duda.
  5. Sin hipocresía: lo que se ve es lo que hay. No hay agenda oculta.

«Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la pazSantiago 3:18.

Aplicaciones practicas para la iglesia:

  1. Examen personal antes del culto. Antes de participar en la Mesa del Señor, antes de entonar himnos, antes de orar en la asamblea, cada hermano debe hacer el ejercicio que Santiago propone implícitamente:
  • ¿Tengo celos hacia algún hermano o hermana en esta congregación?
  • ¿He actuado de manera facciosa, atrayendo hermanos hacia mi posición personal?
  • ¿Puedo alegrarme genuinamente cuando a otro le va bien?

«Así que, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrendaMateo 5:23-24.

  1. El camino hacia la restauración. Para quien reconoce este pecado en su corazón, la Escritura no ofrece condena sin remedio: ofrece un camino claro de restauración.
  • Paso 1 — Reconocer: Llamar al pecado por su nombre. No excusarlo. No racionalizarlo. 1 Jn. 1:9.
  • Paso 2 — Confesar: Ante Dios en oración honesta. Si ofendiste a un hermano, también ante él. Stg. 5:16; Mat. 18:15.
  • Paso 3 — Restaurar: Buscar activamente la paz. No esperar que el otro dé el primer paso. Rom. 12:18.
  • Paso 4 — Guardar: Vigilar el corazón constantemente. La humildad es una disciplina diaria. Prov. 4:23.

«Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al SeñorHebreos 12:14.

  1. El papel de quienes sirven en la congregación. Los ancianos, evangelistas, y varones de la iglesia tienen una responsabilidad especial. No pueden ignorar los celos y la contención cuando aparecen. Deben:
  • Predicar la verdad sobre estos pecados con amor pero sin timidez. 2 Tim. 4:2.
  • No tomar partido en facciones, sino llamar a todos a sujetarse a Cristo. 1 Cor. 1:12-13.
  • Confrontar en privado a quienes exhiben conductas contenciosas antes de que el problema se expanda. Mat. 18:15-17.
  • Ser ejemplo de la humildad y el amor que exigen a otros. 1 Ped. 5:2-3.

«Y el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido…» 2 Timoteo 2:24.

  1. Recordar a qué iglesia pertenecemos. La Iglesia del Señor no es nuestra. No pertenece a ningún predicador, a ningún grupo influyente, ni a ningún hermano que lleve décadas en ella. Pertenece a Cristo, quien la compró con su propia sangre:

«Porque vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.» 1 Corintios 12:27.

«Tened cuidado de vosotros, y de todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.» Hechos 20:28.

Si esta iglesia le costó a Cristo su sangre, ¿tiene algún hermano el derecho de dividirla por celos o ambición personal? La pregunta responde sola.

CONCLUSIÓN: EL VENENO TIENE ANTÍDOTO.

Regresemos al jardín de la analogía. Cuando el jardinero descubrió la raíz podrida, tuvo una decisión que tomar: podía cubrir el hoyo y fingir que no había encontrado nada, o podía extirpar la raíz enferma con todo el dolor que eso implica, para que el árbol y el jardín tuvieran oportunidad de vivir. No existe un tercer camino. El veneno no desaparece si lo ignoramos. Los celos amargos no se evaporan solos. La contención no cesa si nadie la enfrenta.
Dios nos llama hoy, a través de Santiago, a ser valientes: a cavar en el huerto de nuestro corazón y del corazón de nuestra congregación, y a extirpar todo veneno de envidia, celos, y ambición egoísta. No porque seamos perfectos, sino porque Él es fiel para perdonar y restaurar a quien se humilla ante Él.

«Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.» Santiago 4:10.

«Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros2 Corintios 13:11.

La iglesia de Cristo está llamada a ser luz del mundo y sal de la tierra. Esa luz se apaga y esa sal se vuelve insípida cuando los celos y la contención reinan entre nosotros. Pero cuando la sabiduría de lo alto —pura, pacífica, benigna, llena de misericordia— habita en nuestros corazones, el jardín de Dios florece, los frutos abundan, y el mundo puede ver en nosotros algo que no tiene: el amor genuino de Cristo.

Llamado Final: Si hoy reconoces celos o contención en tu corazón, ¡no salgas de la asamblea sin resolverlo! Debemos hablar con nuestros hermanos, porque el huerto de Dios merece ser cuidado. La sangre de Cristo lo pagó todo.

Esta entrada fue creada por:

Luis Felipe Torres

Un servidor más en la iglesia de Cristo Manizales, cristiano desde el año 1999, casado con una gran mujer, Juliana Arboleda y bendecido con 2 hermosos hijos, Maria Camila y Juan Felipe, con el deseo firme de servir a Dios con todo mi corazón y apoyar en lo que este a mi alcance o incluso más allá a muchos hermanos a nivel espiritual, emocional o mental. Un privilegio poder ser un siervo más del Señor.

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