(Juan 3:16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Esta es la conclusión a la cual llegamos en el reto de ayer: un amor imposible solo proviene de Dios; un amor incondicional, donde a pesar de ser pecadores, Dios el Padre envía a su Hijo Cristo, a morir en la tierra por cada uno de nosotros. Sólo en Él podemos nosotros conocer ese amor verdadero y puro; de hecho, en el matrimonio se hace un pacto entre tres personas, Dios, el esposo y la esposa. Los tres hacen parte de ese pacto, en el cual la esposa y el esposo reciben la bendición de Dios para lograr tener un hogar conforme a este amor.

Algunos hemos llegado a ese paso decisivo en nuestras vidas; un paso de gran importancia, donde es necesario contar con la bendición de Dios. Éste paso está condicionado al hecho mismo, de que usted, debe hacer que ese amor imposible, ese amor de Dios, realmente esté en su hogar.

Los cónyuges debemos aprender a amar como lo hizo el Señor Jesús; el esposo debe amar a su esposa como Cristo ama su iglesia, con un amor sacrificial e invariable, que sea permanente y sin menguar, un amor que nos lleve a dar lo mejor de nosotros cada día. Cristo fue hasta la cruz por nosotros, se sacrificó por cada ser humano, y un esposo a la semejanza de Cristo, debe tener la disposición diaria de sacrificarse por cada miembro de su hogar.

La esposa debe aprender de Cristo la obediencia, el amor y la entrega hacia Dios el Padre y, de ese modo, comprender que ella tiene un gran papel a cumplir dentro del hogar.

Notemos que ese amor, esa clase de amor, sólo puede venir de Dios, y aquellos que deseen ser sus hijos pueden gozar de ese amor, de un amor imposible para el mundo, pero posible para Dios.

(Romanos 5:7) Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. (Romanos 5:8) Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

El reto de hoy es hacer que en sus hogares reine este amor, el amor que proviene de Dios. Procuren ser más un hogar a la imagen de Dios que a la imagen del pecado; el pecado trae sufrimiento, engaño, tristeza, dolor, amargura, enojos, pleitos, celos contiendas, iras, mas el amor de Dios trae paz, tranquilidad, verdad, paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre.

Realiza una lista con estas virtudes y procura que en tu hogar se vivan día a día.

Un servidor en Cristo; L. Felipe Torres M.