Imagina por un momento que te acusan injustamente de un crimen terrible que no cometiste. Te enfrentas a la pena máxima y la sala del tribunal entero está en tu contra. Los fiscales presentan teorías y suposiciones; la duda inunda la sala. Pero de pronto, la puerta se abre y entra un hombre con cicatrices visibles. Él no viene a ofrecer una opinión; él viene a decir: «Yo estuve allí. Yo lo vi todo con mis propios ojos». Su testimonio ocular es tan preciso, detallado e innegable, que destruye instantáneamente cada mentira de tus acusadores y te otorga la libertad absoluta.
Joven, así de poderoso es un testigo ocular. En el tribunal de este mundo moderno, donde el escepticismo, los profesores universitarios y el internet acusan a nuestra fe de ser un simple «mito», no estamos a la deriva. Dios no nos dejó con filosofías humanas. Él nos dejó el testimonio ocular, sellado con sangre, de las biografías de Jesucristo.
Estas notas son meditaciones y reflexiones a las que he llegado después de leer el siguiente libro: Puede verlo aquí
Bosquejos de mis meditaciones y reflexiones:




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