Dotán, donde José fue vendido por sus hermanos

abril 4, 2026

Articulo original por Leon Mauldin – Puede verlo aquí

Articulo traducido del ingles al español por Luis Felipe Torres – 2026

La rivalidad y los celos que existían entre las cuatro esposas y los doce hijos de Jacob son la prueba de que Dios toleró la poligamia durante el tiempo del Antiguo Testamento. Eso no refleja su voluntad perfecta, como se ve en el Jardín del Edén (Génesis 2:24; Mateo 19:1-6). Pero Dios lo dispuso todo para bien y para cumplir su propósito, y a través de las esposas y los hijos de Jacob surgieron las 12 tribus de Israel, tal como se cuenta en Génesis.

El libro del Génesis no endulza la historia ni pinta a los patriarcas como unos santos, sino que también cuenta sus pecados y debilidades. Génesis 37 relata cómo los hermanos de José, llenos de envidia, lo vendieron a unos comerciantes que iban en una caravana con rumbo a Egipto, y allá lo vendieron como esclavo. El lugar donde pasó todo esto fue Dotán, en Canaán, sobre la ruta comercial internacional que conectaba Mesopotamia con Egipto. Nosotros tuvimos la oportunidad de conocer Dotán en noviembre del 2016.

Tel Dothan, donde José fue vendido por sus hermanos. Foto de Leon Mauldin.

Este es el relato en Génesis:

13 Y dijo Israel [Jacob] a José: «¿No están tus hermanos pastando el rebaño en Siquem? Ven, te enviaré a ellos». Y él respondió: «Heme aquí». 14 Entonces Israel le dijo: «Anda ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo está el rebaño, y tráeme razón». Así que lo envió del valle de Hebrón, y José llegó a Siquem. 15 Y un hombre lo encontró perdido en el campo, y le preguntó: «¿Qué buscas?». 16 José respondió: «Busco a mis hermanos. Te ruego, dime dónde están pastando el rebaño». 17 El hombre le dijo: «Ya se han ido de aquí, pues los oí decir: “Vámonos a Dotán”». Entonces José fue tras sus hermanos y los halló en Dotán. 18 Ellos lo vieron desde lejos, y antes de que se acercara, conspiraron contra él para matarlo. 19 Y se decían el uno al otro: «Ahí viene el de los sueños. 20 Vengan, pues, matémoslo y echemoslo en una de esas fosas, y diremos que una fiera lo devoró. Así veremos en qué quedan sus sueños». 21 Cuando Rubén oyó esto, quiso librarlo de sus manos y dijo: «No le quitemos la vida». 22 Y añadió Rubén: «No derramen sangre; échenlo en esta fosa que está en el desierto, pero no le pongan la mano encima». Esto lo decía para librarlo de ellos y devolverlo a su padre. 23 Sucedió que cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, lo desnudaron de su túnica, esa túnica de colores que llevaba puesta. 24 Lo agarraron y lo echaron en la fosa. La fosa estaba vacía, sin agua. 25 Luego se sentaron a comer. Al alzar la vista, vieron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad; sus camellos cargaban resinas aromáticas, bálsamo y mirra, y se dirigían a Egipto para venderlas. 26 Entonces Judá les dijo a sus hermanos: «¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y encubrir su muerte? 27 Vengan, vendámoslo a los ismaelitas y no lo matemos nosotros, porque es nuestro hermano, de nuestra misma sangre». Y sus hermanos le hicieron caso. 28 Cuando pasaban unos mercaderes madianitas, sacaron a José de la fosa, lo subieron y lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y ellos llevaron José a Egipto. 29 Cuando Rubén volvió a la fosa y vio que José no estaba, rasgó sus vestidos, 30 regresó donde sus hermanos y les dijo: «El muchacho ya no está; ¿y yo, por dónde cojo?». 31 Entonces ellos tomaron la túnica de José, mataron un cabrito y la mojaron en la sangre. 32 Luego enviaron la túnica de colores donde su padre y le dijeron: «Esto encontramos; fíjate bien si es la túnica de tu hijo o no». 33 Jacob la reconoció y dijo: «¡Sí, es la túnica de mi hijo! Una fiera lo devoró; de seguro José ha sido despedazado». 34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, se vistió de luto y lloró por su hijo muchos días. 35 Todos sus hijos y todas sus hijas trataron de consolarlo, pero él no quiso ser consolado, sino que dijo: «No, yo voy a bajar al seol de luto por mi hijo». Y así lo lloró su padre. 36 Mientras tanto, los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, funcionario del faraón, capitán de la guardia.

En verdad, la envidia es como la podredumbre de los huesos (Proverbios 14:30).

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Esta entrada fue creada por:

Luis Felipe Torres

Un servidor más en la iglesia de Cristo Manizales, cristiano desde el año 1999, casado con una gran mujer, Juliana Arboleda y bendecido con 2 hermosos hijos, Maria Camila y Juan Felipe, con el deseo firme de servir a Dios con todo mi corazón y apoyar en lo que este a mi alcance o incluso más allá a muchos hermanos a nivel espiritual, emocional o mental. Un privilegio poder ser un siervo más del Señor.

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