Es importante considerar siempre la situación que vive la persona que se entrega a la infidelidad, a la fornicación/adulterio, ya que no se percata que se convierte en alimento para el mal, se convierte en esclavo total del pecado y pierde la comunión con Dios, con Cristo.

Efesios 2:1 1Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Es lamentable que este pecado tan devastador, hoy se haya hecho con hogares de hombres y mujeres hijos de Dios; de cristianos que profesaban anteriormente una fe y una supuesta conducta de calidad moral alta. Pero así es la situación de la carne, de los deseos compulsivos del hombre, y todo por alimentar más los ojos con estas cosas, antes que con las cosas de Dios.

1 Juan 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Es importante que el cristiano sea más atento a las cosas espirituales, su mente y su corazón reciban alimento diario de la palabra de Dios. Cuando no alimentamos nuestros corazones de la palabra de Dios, quedamos expuestos a que se llenen de otras cosas, cosas que no convienen a nuestra vida espiritual.

Cuando los seres humanos pasan más tiempo en sus computadoras, en sus teléfonos inteligentes, observando toda clase de contenido, es allí donde se produce ese alimento que no conviene, como también en la televisión, en la radio; la pornografía auditiva o visual va rumbo al corazón, y empieza a germinar una semilla de insatisfacción, de mal deseo, a pensar en sus propios deleites, en las necesidades de la carne y como resultado se materializa el pecado que destruye nuestra relación con Dios.

Considere la necesidad de no ser alimento para los demonios, apártese de todo esto y consagre su corazón a Dios. Recuerde:

1 Samuel 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

¡Dios te bendiga!