Existe un mal en varias relaciones, en varios matrimonios cristianos; donde no se contempla la necesidad de ambos, de tenerse el uno al otro. Solo se considera la parte que más influencia tiene, y la otra queda relegada, queda olvidada, pensando que todo marcha bien cuando muy fácilmente puede estarse gestando una insatisfacción, un deseo reprimido, que si no es resuelto, puede convertirse en un tremendo dolor de cabeza.

Ahora, ¿Qué quiso Pablo decir cuando habla de “no negarse el uno al otro”? – miremos:

Negarse: negarse prnl. Decir que no se quiere hacer una cosa.

Negar: 2. tr./intr. Decir que no a algo que alguien pide, solicita o pretende, 3. Prohibir una cosa, 5. No dar una cosa, o dejar de darla1.

Podríamos concluir fácilmente que cuando Pablo habla acá en este versículo sobre el “no negarse el uno al otro” en su sentido más sencillo, se refiere a no dejar de dar a nuestros cónyuges lo que ellos solicitan, piden o pretenden. Sencillamente no prohibir o dejar de dar lo necesario, tanto en el sentido sexual como en el emocional.

Consideremos lo siguiente, según el comentario americano del Nuevo Testamento de la editorial tesoro bíblico sobre 1 Corintios 7:5:

Pablo da una orden más, esta vez un imperativo en tiempo presente negado, que podría llevar una fuerza del tipo: “Dejen de negarse los unos a los otros”. El verbo “negar” es el mismo verbo traducido “engañar” en 6:7–8 en la discusión de las demandas. En este contexto, no se sabe si el verbo tiene el sentido de “fraude”; de lo contrario, la siguiente cláusula indicaría que el “fraude” es aceptable si ambos consienten. El significado es simplemente, “no se nieguen mutuamente obligaciones [conyugales] a menos que haya acuerdo para reservar un tiempo para propósitos espirituales”. El permiso de Pablo para que el marido y la mujer eviten las relaciones sexuales por un tiempo por razones espirituales está arraigado en el Antiguo Testamento. Esta abstinencia debe ser solo por un tiempo, pero cuando los cónyuges deben reanudar su relación física normal para no ser tentados a satisfacer sus deseos sexuales dados por Dios de manera ilícita. Pablo aconseja un tiempo limitado de negarse el uno al otro sobre la base de la fuerza de las pasiones humanas, es decir, la falta de autocontrol (cf. 7:2, 9). Pablo no tiene una visión baja del matrimonio, que es solo una válvula de seguridad contra la corrupción prevaleciente de la cultura pagana, pero sí tiene una visión brutalmente honesta y realista del hecho de que los humanos son seres sexuales. Pablo no está en contra del sexo. Está en contra de la inmoralidad (cf. 6:18).

Nótese varios puntos en esta enseñanza:

  1. Es deber de ambos estar atentos y dispuestos a las necesidades del uno al otro.
  2. No existe base definitiva para que alguien pueda decir, sin considerar la opinión de su cónyuge, que pueda separarse de su pareja por algún tiempo.
  3. Es antibiblico que un hombre use el pretexto de “hacer la obra de Dios” como manera para no responder a su cónyuge en sus necesidades.
  4. El vers. 4, que antecede a esta enseñanza, nos muestra que el hombre tiene potestad sobre el cuerpo de la mujer y la mujer tiene potestad sobre el cuerpo del hombre. No es de Dios que un hombre o mujer se niegue a su pareja sin razón justa.
  5. Cuando un hombre decide realizar viajes, en función de la obra de Dios, debe considerar siempre la opinión de su cónyuge. Si su cónyuge no está de acuerdo, busque la manera de viajar con ella para que no haya motivo alguno de tentación para ambos.
  6. Si su cónyuge decide no acompañarlo, y negarle la posibilidad de que viaje solo, debe hablar con su cónyuge al respecto, ya que no hay un verdadero amor entre ambos, ya que el amor nos enseña a no ser obstáculo en los asuntos de Dios. Sencillamente, si no tiene capacidad de abstenerse, viaje con su cónyuge o no viaje, sería lo más sabio.
  7. El esposo no puede abusar de su autoridad al someter a su esposa a temporadas largas de ausencia. Esto no lo aprueba Dios.

Cada uno de estos puntos debe ser observado con sumo cuidado, ya que ambos son responsables por la vida, obra y bienestar del uno al otro. No pueden ser piedra de tropiezo u obstáculo. Recuerde que somos responsables de nuestros cónyuges.

Ahora, a la luz de lo enseñado, podemos seguir preguntándonos: ¿Qué tan inocente es el que dice ser inocente?