Rut 1:16 Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

Estos retos terminan hoy, día 40. Pero ¿quién dice que deben terminar aquí? El matrimonio es un pacto importante entre tres personas: Dios, tu cónyuge y tú, rodeados y llenos del amor de Dios si así lo han decidido; está en ustedes decidir seguir rompiendo límites y llegar a la presencia de Dios juntos; por lo tanto lo retos no terminan aquí, pues pueden empezarse de nuevo, pueden renovarse cuantas veces sea necesario, con la finalidad de fortalecer ese compromiso hecho un día de «hasta que la muerte nos separe».

Dios espera que tú seas un buen cónyuge, que hagas todo conforme a su voluntad y que alimentes cada vez más ese pacto. Imagina tu relación como el pequeño jardín de tu hogar, aquel que necesita riego y cuidado cada mañana, aquel que necesita ser limpiado y cuidado con el mayor entusiasmo y esmero; el que si no recibe la suficiente atención, es invadido por la maleza que cubre la hermosura de las flores y lo bello de las plantas; jardín que si no recibe el nutriente y agua en cantidades precisas, puede morir, secarse y arruinar el paisaje anhelado… así que, cuida de tu pacto, cuida de tu cónyuge y dispón de espacios de oración, tiempo de calidad, obséquiale detalles, mantén contacto físico constante, palabras de afirmación y muchos más comportamientos amorosos, para que ese hermoso jardín en tu vida llamado matrimonio crezca y florezca para tu deleite.

Quiero enviarte un abrazo grande. Me has acompañado durante este proceso de maduración y transformación en tu matrimonio y en el mío; has valorado este fuerzo de cada mañana en el que encontrara las palabras precisas para llegar a ti, y si has querido emprender este maravilloso viaje de felicidad y plenitud en tu vida en pareja, ¡te agradezco por formar parte de este proceso!

Recuerda tu promesa, ¡Sí, acepto! – hasta que la muerte nos separe. Mira a tu cónyuge a los ojos y recuérdale tu promesa, recuérdale que ahí estás para ayudarle y acompañarle en este camino de vida.

Escribe una renovación de tus votos y colócala en tu hogar. Quizá, si es el momento apropiado, podrías planear una renovación formal de tus votos matrimoniales ante una persona de autoridad espiritual, con tu familia presente. Que sea una afirmación viva del valor del matrimonio a los ojos de Dios y del alto honor de «ser uno con tu cónyuge».

Un servidor en Cristo; L. Felipe Torres M.