2 Corintios 9:8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;

Una mañana de camino al trabajo, me encontré con una gran amiga de la familia, la cual noté demasiado triste; me preocupé y le pregunté qué había sucedido, a lo cual me responde que estaba a punto de separarse; ¿las razones? su esposo acababa de decirle que el amor se había terminado. -¡Qué terrible situación! – pensé por un instante, y solo pude preguntarle si ella creía eso, porque en cuanto a mi aprendizaje de las cosas de Dios, siempre he sabido que el amor verdadero nunca deja de ser. Mi amiga estaba enfrentando una situación con su esposo, que viven muchas las parejas casualmente, y es que se acaba la magia de la relación, no el amor como suelen creer. El amor no se acaba, el amor es una decisión que se elige tomar cada mañana, y se renueva permanentemente, la cual si aprendemos a llevarla a la práctica, llevará al amor a estimular la magia y así serán un matrimonio rodeado de las mieles que da el arranque…

Cuando se decide amar a la forma de Dios, ese amor abundará en la vida de cada matrimonio; entonces podríamos decir que si una pareja se separa, es por su falta de decisión en seguir luchando aún contra los imposibles, a fin de lograr una plenitud en la vida de ambos cónyuges.

Piensa por un momento: ¿El amor de Dios se agota? ¿Qué pasaría si se agotara? ¿Será que Cristo hubiese muerto por nosotros? ¿Qué crees tú?

De todas las cosas que el amor se atreve a hacer, la de amar sin importar el escenario o las circunstancias, es quizás la mayor de todas. Aunque se vea amenazado sigue adelante. Aunque se vea desafiado sigue avanzando. Aunque lo maltraten y lo rechacen, se niega a darse por vencido. ¡El amor nunca deja de ser!

A veces, cuando un matrimonio está en crisis, el cónyuge que intenta lograr que las cosas funcionen le dice al otro con toda claridad que sin importar lo que haya sucedido en el pasado, está comprometido con su matrimonio, y que puede su pareja tener la seguridad que su amor perdurará. Lo promete. No obstante, el otro cónyuge todavía no quiere escucharlo y mantiene su postura distante. Aún quiere separarse. No cree que este matrimonio dure mucho tiempo. Ya ni siquiera quiere que dure.

El cónyuge que acaba de jugarse el corazón, tendiendo la mano en son de paz, no puede manejar el rechazo. Así que retira lo dicho. «Bueno… Si así lo quieres, así será».

Sin embargo, si el amor es en verdad amor, no cambia de opinión cuando no es recibido como se espera y desea. Si al amor se le puede decir que deje de amar, en realidad no es amor. El amor que viene de Dios es interminable, imparable, ya que si el objeto de su afecto elije no recibirlo, Él no deja de dar.

El amor nunca deja de ser.

¡Nunca!

Te propongo que pases tiempo orando solo. Luego, escríbele una carta de compromiso y decisión a tu cónyuge. Incluye la razón por la cual te comprometes con este matrimonio hasta la muerte, y exprésale que te has propuesto amarlo sin importar lo que suceda. Deja la carta en un lugar donde tu pareja la pueda encontrar.

Un Servidor en Cristo; L. Felipe Torres M.