(1 Corintios 7:3) El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.

Aunque para muchos este sea un tema controversial, la Palabra de Dios habla de manera directa y detallada acerca de este regalo divino que se permite disfrutar sólo en las relaciones matrimoniales. En el Antiguo Testamento encontramos un libro completo dedicado a este tema; a pesar de que muchos afirman que se trata del amor de Dios por su pueblo, realmente este libro es un poema a la relación de esposos, al encuentro de ambos en la intimidad; hablo del libro de la biblia “Cantar de los Cantares”.

Hay esposas que se creen con la autoridad de decidir cuando atender a sus esposos en la intimidad, y lo mismo sucede con los esposos; pero Dios dice claramente que esta decisión, al ser casados, está basada en las necesidades del uno y el otro:

(1 Corintios 7:4) La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.

El privar al cónyuge del acto sexual en el matrimonio solo debe darse por un acuerdo entre la pareja; situaciones de enfermedad, o alguna otra causa mayor, pueden llegar a interrumpir el intercambio íntimo:

(1 Corintios 7:5) No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.

Puede ser algo difícil comprender esto, pero Dios es claro al respecto. En el matrimonio no debe existir negación al encuentro íntimo, ya que se coloca en desventaja al otro, el cual puede fácilmente ser tentado por su probable incapacidad de contener sus pasiones y deseos.

Cuando los cónyuges se acusan de infidelidad, lo que no se detienen a meditar es que esa infidelidad puede estar ocasionada por la ausencia frecuente y constante de uno de los esposos, y es ahí donde es necesario reconocer que la responsabilidad recae en ambos y no sólo en el que cometió la falta del adulterio.

Si es posible, intenta hoy reiniciar la relación sexual con tu cónyuge si ésta se ha perdido, o evitado durante largo tiempo. Hazlo de una manera que honre lo que tu cónyuge te haya dicho (o te haya dado a entender) con respecto a lo que necesita de ti o lo satisface en el área sexual. Pídele a Dios que los dos puedan disfrutarlo y que se transforme en un camino hacia una mayor intimidad.

Evalúa luego: ¿Fue una experiencia satisfactoria para ti y para tu pareja? Si no salió como esperabas, ¿qué crees que puede estar complicando la situación? ¿Has puesto esta cuestión en oración? Si fue una verdadera bendición para ambos, ¿qué puedes aprender de esto para el futuro?

Te invito a que nos dejes tu apreciación en los comentarios y nos agradaría mucho saber que piensas sobre este reto del amor. Sé que es una tarea ardua, por eso estaré agradecido si lo compartes con todos tus contactos.

Próximamente publicaremos más retos, puesto que estamos cerca de finalizar este; envíanos sugerencias para saber de otros retos que deseas para desarrollar vida matrimonial, paterna, individual o espiritual.

Un servidor en Cristo; L. Felipe Torres M.