(Juan 17:11) Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.

Hay un tema que es mi favorito y que siempre me ha cautivado: «la unidad en el matrimonio». Tenemos fe en Dios y afirmamos que Él es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; se nos ha enseñado que están unidos perfectamente, tanto que cuando uno de ellos recibe honra, los tres se honran. ¡Maravillosamente cierto este gran misterio de la Deidad!, narrado en las sagradas escrituras.

Cuando Dios crea al hombre y luego extrae de él una parte para crear a la mujer, los presenta y los constituye un hogar. El primer hombre afirma:

(Génesis 2:23) Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

Y a continuación nos entrega Adán la más grandiosa característica del matrimonio; característica en la que debemos actuar a diario para comprender lo que en sí significa estar casado:

(Génesis 2:24) Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

¡Qué gran principio!… si todos los matrimonios lo comprendiéramos, no existirían los divorcios, sino hogares estables y felices; sin embargo, desde que la decisión de desobedecer a Dios fue tomada, esto tan perfecto, creado por Dios, se deterioró, hasta el punto que hoy un gran número de hombres lo desprecian, uniéndose durante sus vidas a muchas mujeres, dañando así el principio fundamental de todo hogar: ser «uno para el otro».

Imagínense, hombre y mujer, si tuvieran un matrimonio en el cual los dos son uno, donde el esposo piensa en su esposa y la esposa en su esposo, viven el uno para el otro y se satisfacen mutuamente, un hogar donde ambos fueren conscientes; así que, si el marido golpea a su esposa o le habla mal, es como si se lo hiciese a él mismo, o una esposa que hablase mal de su esposo lo haría hacía ella misma… ¡un hogar con este nivel de conciencia, sería un hogar maravilloso! Sé que leo tu pensamiento con esto; si te dijera que puedes llegar a vivir en un hogar así ¿qué pensarías? Pensarías, tal vez, que es una tremenda oferta, pero para obtenerla tendrías que formar parte de una decisión que ambos deben tomar. Les aseguro que si la llevan a cabo, entenderán lo grandioso que es vivir en un matrimonio con principios de unidad bíblica; sólo depende de ti, si deseas realmente vivir en esta unidad. Inicia con tu decisión de hacerlo y prosigue pidiendo a Dios su presencia en tu hogar.

Observa un comportamiento o acción que esté ocasionando división en tu matrimonio, y considera el día de hoy como una nueva oportunidad para orar por ello. Pídele al Señor que te revele cualquier actitud de tu corazón, que esté amenazando la unidad con tu cónyuge. Ora para que Dios haga lo mismo con él o ella. Y, si es necesario, habla con tu cónyuge con franqueza, sobre esta cuestión, buscando a Dios y apoyándose en su sabiduría divina, para hallar la unidad.

Un servidor de Cristo; L. Felipe Torres M.