(Isaías 62:5) Pues como el joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.

Que gran mensaje de parte de Dios. Dice que nuestra relación con Él es íntima, lo que nos permite experimentar y conocer a fondo la gran mayoría de las cosas.

A veces decimos que tenemos un amigo de mucha confianza, o que nuestros padres son las personas que mejor nos conocen, o que nuestros hijos son parte de nosotros; detengámonos a pensar: ¿con un [email protected] podemos tener un nivel de intimidad como el que tenemos con nuestro cónyuge? o ¿podemos tener con nuestros padres ese mismo nivel de confianza? Podríamos decir que no, que es sólo con nuestro cónyuge con quien experimentamos un nivel de intimidad mucho mayor que con cualquier persona en la tierra; sin embargo, sólo Dios conoce más de nosotros, nos conoce a plenitud; y precisamente es por esto que, en nuestros retos anteriores hablamos de que nuestro cónyuge ocupa el segundo lugar en nuestra vida después de Dios, ya que es nuestro cónyuge quien nos conoce más en la tierra.

En las relaciones se corren riesgos. Cuando hablo de riesgos, me refiero a que cuando se conoce a alguien a niveles tan profundos, podemos tener dos cosas: a alguien que nos cuidará y ayudará, o a alguien que nos puede provocar un daño enorme, un daño difícil de reparar. Piensa en cómo cultivas esa intimidad con tu cónyuge; ¿la cultivan para bien o para mal? – ten cuidado, ruega a Dios y trabaja con tu pareja, para que siempre todo se encamine hacia la felicidad en Dios.

(1 Juan 4:18) En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

Si no hay una verdadera intimidad en tu matrimonio, entonces no hay amor, porque en el amor no hay temor, dice Dios en su palabra.

El reto de hoy consiste en hacer florecer más la intimidad en tu matrimonio, en abonar el terreno para que los dos se apoyen, se ayuden, se escuchen, construyan y perfeccionen delante de Dios.

Muchas bendiciones.

Un servidor de Cristo; L. Felipe Torres M.