(3 Juan 1:2) Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

Tenemos que aprender mucho de la agricultura. El agricultor sale a sembrar la semilla, con la aspiración de tener un buen fruto; él no toma la semilla y la grita y maldice, sino que la toma entre sus manos y coloca todo su empeño para que al sembrarla logre germinar; luego de plantada cuida de ella, la riega a diario, la protege de los depredadores y coloca su fe en Dios para que surja la planta, surja de allí la vida. Es un trabajo en conjunto, agricultor y Dios cuidando de esta semilla.

Imagine por un momento que las palabras que digas a tu cónyuge son la semilla que siembras; debes sembrar buenas palabras en él o ella, debes tomar estas palabras que salen desde tu corazón y sembrarlas en el corazón de tu cónyuge, teniendo fe en Dios que hace germinar esta palabra y lleve buen fruto, así como el agricultor no grita y maldice la semilla, nosotros no deberíamos hacerlo, ya que al hacerlo no plantamos la buena semilla, sino la mala semilla.

Cada reto llevado a cabo, y leído por tí, es una forma de plantar buenas semillas. Ahora, depende de tí buscar la ayuda de Dios a través de la oración, para que Él provea todo lo necesario para que la semilla de tu matrimonio germine y construyas una relación como debe ser, un matrimonio con la bendición de Dios.

Te pregunto: ¿Oras a diario por tu cónyuge? ¿Lo presentas a Dios para que Él bendiga sus vidas?

El reto de hoy es iniciar un hábito de oración por tu cónyuge; pide a Dios ayuda para nutrir a tu cónyuge con lo que él/ella necesita.

Un servidor en Cristo; L. Felipe Torres M.