La esposa se acerca a su pareja con la intención de tener una charla constructiva sobre una situación que se está presentando: cada vez que llega del trabajo, él deja su calzado tirado en cualquier lugar de la casa y ella quiere que él corrija esta situación; sin embargo, para él esto no es tan importante, así que cuando ella empieza a decirle, el sólo no presta atención, lo cual hace que ella suba más el tono de voz, tratando de llamar su atención. Al ver él este suceso, no piensa permitir tal acto, así que procede a subir también su tono de voz, y así, entre más discuten, más se agreden, más groseros se comportan entre sí.

Podría estar usted pensando: ¡qué escena! ¡solo es un par de zapatos mal ubicados! Así es, solo un par de zapatos, pero que provocan un gran daño entre ellos.

(Eclesiastés 10:12) Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina.

Dios recomienda mucho que seamos sabios al hablar y aún más con nuestros cónyuges; en una escena tan simple, el acto de grosería se refleja desde la falta de atención por parte de él, hasta la subida de tono de voz de ambos; esto causa grietas importantes en tu casa.

(Mateo 7:26-27) Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27. y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

El ser grosero en nuestra relación es no prestar atención a lo que Dios espera, por consiguiente, no reclame cuando su hogar esté derrumbado.

Te animo a que lleves a cabo el reto de hoy. Pídele a tu cónyuge que te diga tres actitudes que le incomodan o le irritan de tí; debes hacerlo sin atacar ni justificar tu conducta. Su perspectiva es la importante en este caso.

Su servidor en Cristo, L. Felipe Torres M.