Introducción

Cada día, jóvenes emprenden el proyecto llamado familia, un proyecto donde, sin pensar a veces, creemos que es la mejor elección que pudimos hacer, toman sus deseos y sueños y los meten en la maleta, se despiden de sus padres y toman a su pareja para emprender este viaje. Pasado algún tiempo, cuando los hijos llegan, ¡Plow! – se estrellan directo con la realidad.

La joven esposa en casa empieza a dimensionar el alcance de su decisión, a sentirse impotente debido a la decisión que debe tomar, ¿Dejar los hijos con mamá? O ¿Dedicarme a ellos? – ¿Mi carrera donde quedará? ¿Mis sueños no los podré realizar?

Me gustaría recordar lo que dice el Señor:

Luc 14:28-29 28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,

Y esto es solo el principio, no pensamos incluso en la preparación y formación que ellos necesitan para crecer en un mundo plagado de valores impíos y estilos de vida inmorales; a parte de tener que enfrentar cambios a nivel físico, deben ahora hacerle frente a ese mundo que no tendrá piedad con ellos.

Y no estoy con esto diciendo que “no deberías tener hijos”, más bien estoy motivando a que los jóvenes que planean tener familia, entiendan que no es tenerla por tenerla, es la responsabilidad que tenemos en nuestras manos, de hacer de estos hijos, personas de bien para el mañana, cristianos e hijos de Dios con fundamentos sólidos sobre el cual puedan construir sus vidas, sueños y convicciones.

Piense lo siguiente: “¿trajo usted hijos a esta vida para darlos a la muerte en el infierno? o ¿los trajo para que tengan vida en Dios?”

Siento curiosidad al leer las siguientes palabras del Señor Jesús:

Mat 23:15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

El término “hijo del infierno” es la contraparte del “hijo de Dios”, lo cual nos permite poder comprender lo siguiente en relación a nuestros hijos; ¿está usted formando hijos de Dios o hijos del infierno?

Encontramos consuelo en el siguiente proverbio:

Pro 22:6 Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Con todo lo que nosotros podamos querer que este versículo fuera una garantía de producir hijos cristianos perfectos si tan sólo los criamos en un hogar piadoso, yo sé que no siempre funciona de esa manera.


Sermones en PDF y Power Point

  1. PPTXPDF -> Una Introducción al tema.
  2. PPTX (En construcción) – PDF -> Una caída de dos metros.
  3. PPTX (En construcción) – PDF -> Según tu género.

 

Cuando terminemos la serie, se publicará el libro completo