Al juzgar a otros te condenas a ti mismo, pues haces precisamente lo mismo que hacen ellos. (Romanos 2:1 DHH)

El día de hoy será difícil; pero si te apoyas en la fortaleza y la sabiduría que Dios da a quien lo pide y lo busca, podrás lograrlo. Si lo permites, este día podría ser un hito en tu matrimonio. Así que, decide concentrarte en lo que el Señor puede estar diciéndote y proponte seguir su guía. Hoy nos referiremos a la responsabilidad personal. Es una cualidad que todos reconocemos que los demás deberían tener, pero que nosotros creemos tener. A las personas cada vez les cuesta más reconocer sus propios errores, lo vemos en la política, en los negocios, en los titulares de revistas sobre los famosos.

Sin embargo, no es sólo un problema de los ricos y famosos, o en personas de alto perfil público. Para encontrar un ejemplo cercano de alguien que tiene una excusa para cada acción, lo único que necesitamos hacer es mirarnos al espejo. Somos sumamente rápidos para justificar nuestras intenciones y sumamente rápidos para desviar la crítica; sumamente rápidos para criticar… en especial a nuestro cónyuge, quien por su cercanía es siempre más fácil culpar.

Recordemos como ocurrió el primer juego de echar la culpa en la palabra de Dios:

Génesis 3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

Génesis 3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

Este preciso ejemplo histórico es algo común en nuestros días; la tendencia marcada es justificarnos y culpar a los demás de nuestros errores y fallas, ser víctimas y nunca victimarios. Es un comportamiento que causa tristeza, pero ocurre en cada hogar.

Al decir que el amor es responsable, decimos que el amor enfrenta cualquier situación que se le presente, se hace responsable de sus propios errores y busca siempre actuar de la manera justa, a la forma de Dios, que nos enseña que debemos asumir las situaciones sin importar cuan difíciles o simples sean.

No culpes a tu cónyuge de tus fracasos, de tus problemas, de tus situaciones oscuras; decide más bien entender que eres lo que eres porque así lo has elegido.

Habla con tu cónyuge este día, exprésale y pídele perdón por las cosas que hayas hecho mal; busca siempre hacerte responsable de tus actos, y así encontrarás mayor tranquilidad en tu proceder diario.

Un servidor en Cristo; L. Felipe Torres M.