Derribando las Objeciones Humanas al Mesías…
La Lógica Divina frente a la Incredulidad y el Valor del Remanente Fiel
Por Luis Felipe Torres
Texto Base: Romanos 11:5; 1 Corintios 1:23-24; Juan 10:10.
Analogía Inicial: El Telescopio y los Ciegos
Imaginen que un Rey sumamente sabio diseña un telescopio perfecto, con lentes tallados a la perfección, con el único propósito de que su pueblo pueda mirar a través de él y contemplar las maravillas celestiales de su reino. Sin embargo, cuando el telescopio es entregado a los líderes del pueblo, estos se niegan a mirar por el lente. En su lugar, examinan el tubo de bronce por fuera y se quejan de que no tiene la forma que ellos habían imaginado. Luego, señalan que en el pasado, algunos hombres malvados usaron tubos de bronce parecidos para golpear y oprimir a los inocentes, y por asociación, condenan el telescopio del Rey. Finalmente, someten el asunto a votación popular, y como la mayoría de ellos sufren de ceguera voluntaria, declaran por voto mayoritario que el telescopio no sirve para nada y lo arrojan a la basura. Hermanos míos, ¡qué tragedia tan absurda! Desecharon la gloria del universo porque juzgaron el instrumento divino con medidas humanas, con prejuicios históricos y con la falacia de las mayorías. De esta misma manera, los líderes religiosos del primer siglo, y muchos hasta el día de hoy, han rechazado a nuestro Señor Jesucristo. No miran las Escrituras, sino que tropiezan con sus propias objeciones ilógicas.
Introducción
A través de la historia, la iglesia ha enfrentado innumerables ataques. El mundo nos bombardea con argumentos que, a simple vista, parecen intelectuales o teológicos, pero que al examinarlos a la luz del buen uso de la razón y de la Palabra de Dios, se desmoronan como castillos de arena.
Hoy vamos a sumergirnos en el estudio de las objeciones que los líderes judíos han levantado contra Jesús a través de los siglos. Lo asombroso es que estas objeciones judías son exactamente las mismas excusas que usa el mundo moderno para rechazar el señorío de Cristo. Demasiado a menudo, se juzga a Jesús usando como estándar el judaísmo del siglo veinte, o las tradiciones modernas, en lugar de examinarlo bajo la luz del judaísmo bíblico del Antiguo Testamento. La única pregunta que realmente importa es: ¿Cumple Jesús con las profecías de las Escrituras?.
Acompáñenme a escudriñar la Escritura para derribar estos argumentos, fortalecer nuestra fe y reafirmar nuestro llamado como el remanente fiel de Dios. No usaremos doctrinas modernas; usaremos únicamente la pura, sencilla y poderosa Palabra de Dios.
- La Falacia de Limitar a Dios y Torcer Su Palabra.
Cuando los hombres no quieren obedecer a Dios, comienzan a cuestionar Su poder o a malinterpretar Su Palabra.- El error de dudar del poder del Creador. Las autoridades rabínicas atacan constantemente la verdad del Nacimiento Virginal y la resurrección, argumentando que desde un punto de vista estrictamente humano, no son cosas posibles. Pero, la cuestión verdadera no es lo que el hombre puede hacer, sino en qué clase de Dios creemos. Si Dios es verdaderamente Dios, Él puede hacer todo lo que quiera. Los únicos límites posibles para Dios son los que Él mismo se imponga. Usemos la razón: si creemos que Dios creó la inmensidad maravillosa del universo y la complejidad de cada célula viva, es una incongruencia increíble dudar de que pueda obrar un nacimiento virginal o levantar a un muerto. Para un creyente sincero, el Nacimiento Virginal y la resurrección son hechos muy sencillos para el Creador.
- La falsificación de nuestra doctrina: Dios hecho Hombre. Otra objeción estereotipada es afirmar que un hombre no puede convertirse en Dios, considerando esto como la mayor de las blasfemias. Y en eso tienen toda la razón: ¡ningún mortal puede convertirse en Dios!. Pero ahí radica su profunda ignorancia de las Escrituras y de nuestra fe: el Nuevo Testamento jamás enseñó la herejía de que un hombre se convirtió en Dios. La sana doctrina cristiana afirma exactamente lo contrario: Fue Dios quien, en Su soberanía, eligió hacerse hombre en la persona de Jesús de Nazaret. En Juan 1:14 leemos que «el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros». (Juan 5:18 – Vemos acá la confusión de los judíos, veían al hombre queriendo hacerse Dios, y nunca vieron a Dios encarnado como hombre). Si el Dios del judaísmo bíblico es todopoderoso, ciertamente podía elegir encarnarse si así lo deseaba. Afirmar que no puede hacerlo sería decir que es menos que Dios. Y porque Él era verdaderamente el Dios-Hombre, tenía toda la potestad de obrar milagros en Su propio nombre y de perdonar pecados en la tierra (Marcos 2:10).
- Juzgar al Mesías con Estándares Falsos y Prejuicios.
La segunda gran categoría de objeciones nace de una lectura deficiente de la Biblia y de juzgar a Cristo por los errores de hombres carnales.- El tropiezo del «Reino Carnal» frente a la Misión del Cordero. Una objeción muy común es decir que Jesús no puede ser el Mesías porque «no trajo la paz mundial». Esta objeción nace del mismo espíritu materialista que hoy vemos en el falso premilenarismo. Los judíos esperaban un caudillo político que trajera paz terrenal a punta de espada. Pero ignoraron el propósito principal de Su venida. El Antiguo Testamento requería que el Mesías primero sufriera y muriera por los pecados del pueblo, para traer reconciliación y justificación. El apóstol Pablo nos confirma en Efesios 2:14 que «Él es nuestra paz». Él no vino a fracasar ni a posponer Su reino; Él estableció Su iglesia, derramó Su sangre para limpiar (no para heredar mecánicamente una culpa calvinista, sino para limpiar nuestros pecados por gracia mediante la fe obediente), y ahora reina soberanamente a la diestra del Padre (Hechos 2:33).
- La falacia de la «Culpa por Asociación» (El mal testimonio de falsos discípulos). A lo largo de los siglos, los judíos han rechazado el nombre de Jesús porque afirman que, bajo el símbolo de la cruz y en el nombre del «cristianismo», se les ha odiado, perseguido y masacrado. Es innegable que se cometieron atrocidades horribles bajo la bandera de una falsa cristiandad. Pero, hermanos, usando la sana lógica: ¿se puede culpar a Jesús por el abuso de Su nombre por parte de personas que violaron flagrantemente Sus enseñanzas?. La historia judía misma nos da la respuesta. En el periodo post-macabeo, el gobernante judío Juan Hircano forzó a los idumeos y griegos conquistados a convertirse al judaísmo bajo amenaza de morir por la espada. Se cometieron crímenes espantosos en nombre del judaísmo. ¿Sería justo que los descendientes de esas víctimas rechazaran a Moisés o consideraran a la Ley de Dios como mala solo porque Juan Hircano abusó de ella para sus ambiciones?. ¡Claro que no! De la misma manera, es un grave error rechazar a Jesucristo basándose en acciones crueles que el Nuevo Testamento prohíbe categóricamente.
- Investigación deficiente de Su mensaje. Los críticos afirman que el judaísmo exalta la buena vida y la familia, mientras acusan a Jesús de promover el ascetismo, la pobreza extrema y el celibato. ¡Cuánta ceguera! Jesús jamás enseñó el celibato obligatorio ni el ascetismo radical como medios de mayor espiritualidad. Su enseñanza fomentó las prioridades correctas: poner a Dios primero, moderación en todo, y gozar de la vida en santidad. El verdadero Cristo no vino a oprimirnos; Él dijo: «yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10).
- La Falacia de la Mayoría y el Llamado del Remanente.
Llegamos a la objeción que, quizás, es la más intimidante para los creyentes hoy en día: el argumento del número.- La verdad no es un concurso de popularidad. Los detractores insisten: «Si Jesús era realmente el Mesías, ¿por qué los rabinos y la vasta mayoría de los judíos no creyeron en Él?». La implicación engañosa es que la verdad en materia religiosa se determina por el voto mayoritario. ¡Escuchemos bien esto! La verdad absoluta jamás se determina por votación. Si la humanidad entera decide creer que la tierra es plana, eso no la convierte en verdad; la verdad es absoluta e irrelevante de cuántas personas la aprueben o la rechacen. El hecho de que la mayoría de los líderes religiosos desecharan al Mesías no significa que Él no lo sea. Tropezaron en la Piedra del Ángulo por su propia obstinación (Romanos 9:32).
- El patrón divino: Siempre ha sido un remanente. Si repasamos la historia sagrada, descubriremos que el patrón constante de Dios es que la inmensa mayoría suele estar en desobediencia, mientras que solo una minoría abraza la revelación divina. El profeta Elías se deprimió creyendo que estaba totalmente solo ante una nación idólatra, pero Dios le contestó que se había reservado a siete mil hombres que no habían doblado la rodilla ante Baal (1 Reyes 19:18). ¡Siete mil entre cientos de miles!. Isaías, el príncipe de los profetas, reconoció que si no fuera por un pequeño remanente, Israel habría sido destruida como Sodoma y Gomorra (Isaías 1:9).
El apóstol Pablo, un judío erudito convertido a Cristo, aplica esta misma historia a la iglesia en Romanos 11:2-5. Él explica que, tal como en los días de los profetas, la mayoría fue desobediente, pero que ha quedado un remanente escogido por la gracia de Dios. Nosotros, la iglesia del Señor, somos ese remanente.
Aplicaciones Prácticas para la Iglesia del Señor.
Hermanos, ¿qué hacemos con esta poderosa enseñanza? ¿Cómo la vivimos el día de mañana?
- No se dejen intimidar por las mayorías: Vivimos en un mundo donde el ateísmo, las sectas y las denominaciones humanas nos superan en número. Nos dirán que estamos equivocados porque somos pocos. Recuerden que la verdad no se somete a plebiscito. Manténganse firmes en la sana doctrina del Nuevo Testamento, sabiendo que Dios siempre ha obrado a través de Su remanente fiel.
- Conozcan su Biblia para responder a la ignorancia: Muchas de las objeciones contra la iglesia de Cristo se basan en «investigación deficiente», igual que las objeciones judías contra Jesús. La gente nos acusa de cosas que no creemos, basados en ideas preconcebidas. Estemos preparados, estudiando la Palabra, para presentar defensa con mansedumbre y reverencia (1 Pedro 3:15).
- Cuiden su testimonio: El mundo a menudo rechaza a Cristo no por quién es Él, sino por el mal comportamiento de quienes dicen ser Sus seguidores. Que nadie rechace el evangelio por culpa de nuestra falta de amor, nuestra dureza o nuestra hipocresía. Vivamos verdaderamente la «vida en abundancia» que Él nos prometió (Juan 10:10).
Conclusión
Hemos visto cómo las objeciones humanas caen por su propio peso cuando se exponen a la luz de las Escrituras. El Mesías no fracasó; no fue un mero maestro repitiendo pensamientos ajenos, ni fue un hombre que intentó usurpar la deidad. Él es el Creador eterno que, por amor a ti y a mí, descendió, se vistió de humanidad y ofreció Su sangre en la cruz para lavarnos de la iniquidad.
No dejemos que las tradiciones humanas de este siglo, ni la ceguera de las mayorías, nos roben la corona de la vida. Aferrémonos a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo. Seamos ese remanente glorioso que no dobla su rodilla ante los ídolos de la popularidad ni las falsas doctrinas. Que la iglesia del Señor avance siempre triunfante, anunciando que el Cristo rechazado por los edificadores es hoy la indiscutible, gloriosa y eterna Cabeza del Ángulo.
¡A Él sea el imperio, la gloria y la majestad, desde ahora y para siempre! Amén.




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