El Llamado de la Anciana en Cristo…
Por Luis Felipe Torres Muñoz 2026 Derechos Reservados.
Texto Base: Tito 2:3 «Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte…»
Introducción: El Aroma del Templo
Imaginemos por un momento el antiguo templo de Jerusalén. Al entrar, no solo impactaba la vista del oro o la arquitectura, sino que había algo que envolvía los sentidos inmediatamente: el aroma del incienso sagrado. Ese perfume no se fabricaba de la noche a la mañana; requería una mezcla precisa, tiempo y fuego. Cuando ese aroma impregnaba las vestiduras de los sacerdotes, ellos llevaban el olor del santuario a dondequiera que iban. No necesitaban hablar para que la gente supiera que habían estado en la presencia de Dios; su sola presencia evocaba reverencia.
De la misma manera, la hermana mayor en la fe, la anciana cristiana, es como ese perfume sagrado en la Casa de Dios. Su belleza ya no depende de la tersura de la piel de la juventud, sino de haber caminado décadas en el santuario de la gracia de Dios. Cuando ella entra en una habitación, en el hogar o en la congregación, debe traer consigo una atmósfera de reverencia, experiencia y santidad que silencia la necedad y enseña sin palabras.
Hoy, la Palabra de Dios nos llama a revalorar y exhortar a este grupo vital de la iglesia. No son muebles antiguos en la congregación; son columnas vivas de sabiduría.
- Su Identidad: Una Madurez Probada («Las ancianas…»).
- No es un cargo oficial, es una etapa de vida.
- La palabra usada aquí no se refiere a un «oficio» eclesiástico (como el de los ancianos/obispos gobernantes, que son varones), sino a la mujer de edad avanzada, presbútis en el original.
- Al igual que los hombres ancianos (v. 2), ellas tienen una responsabilidad moral y espiritual debido a su experiencia. La vejez no es el tiempo de retiro espiritual, sino de mayor fructificación (Salmo 92:14).
- La conexión con la conducta general.
- Pablo usa la palabra «asimismo» (osáutos), conectando la conducta de las mujeres mayores con la sobriedad requerida a los hombres mayores.
- En la iglesia del Señor, no hay lugar para la jubilación de la santidad. La hermana mayor como Loida o Eunice (2 Timoteo 1:5) es el eslabón que conecta la fe del pasado con la generación futura.
- No es un cargo oficial, es una etapa de vida.
- Su Conducta: Una Vida Sacerdotal («…sean reverentes en su porte»).
- ¿Qué significa «reverentes en su porte»?
- La palabra griega hieroprepés es profunda y hermosa. Significa «lo que es apropiado para la santidad» o literalmente «actuar como una sacerdotisa».
- No significa que ella tiene autoridad clerical, sino que su vida diaria —su manera de caminar, de vestir, de hablar— refleja la santidad del templo de Dios. Ella entiende que todo lo que hace es un servicio sagrado.
- El hermano Bill H. Reeves comenta que: la anciana cristiana debe recordar siempre que actúa como una persona sagrada en el templo de Dios. Su vida no es profana ni común; está apartada.
- La dignidad ante un mundo que idolatra la juventud.
- El mundo desprecia la vejez o trata de ocultarla con vanidad. La mujer cristiana la lleva con la dignidad de quien está más cerca de ver al Señor.
- Su porte no es altivo, sino que inspira respeto. Es el «adorno incorruptible de un espíritu afable y apacible» (1 Pedro 3:4) que se ha perfeccionado con los años.
- ¿Qué significa «reverentes en su porte»?
- Sus Peligros: Las Trampas de la Edad («…no calumniadoras, no esclavas del vino»).
- El control de la lengua: No calumniadoras.
- La palabra original es diábolos, que significa «acusadoras» o «calumniadoras». Es la misma palabra usada para el Diablo.
- Con la edad y el tiempo libre, existe la tentación de usar la lengua para destruir, chismear o criticar en lugar de edificar. La anciana piadosa no presta su lengua al servicio del enemigo, sino que sus palabras son medicina.
- Ella evita la «vana palabrería» que caracteriza a quienes no tienen la mente ocupada en las cosas de Dios (1 Timoteo 5:13).
- El control de los apetitos: No esclavas del vino.
- La sobriedad es esencial. Una mente nublada por el vino (o hoy día, por los medicamentos innecesarios o el entretenimiento mundano) no puede enseñar ni ser ejemplo.
- El hermano Bill H. Reeves señala que el texto habla de no estar «esclavizadas» o sometidas al dominio de la bebida. La anciana debe tener dominio propio (templanza) para poder aconsejar a otras.
- El control de la lengua: No calumniadoras.
- Su Misión: La Maestra del Hogar y la Vida («…maestras del bien»).
- Un ministerio de enseñanza específico (Kalodidáskalos).
- La mujer mayor tiene un mandato divino de enseñar. No de predicar desde el púlpito a la congregación mixta, pues eso violaría el orden de la creación y el mandato apostólico (1 Timoteo 2:12).
- Su aula de clases es la vida diaria y su audiencia son «las mujeres jóvenes».
- Ella es «maestra de lo bueno» (lo bello, lo noble). Enseña con su ejemplo y con su consejo práctico.
- El currículo divino (v. 4-5).
- Ella debe «enseñar a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos». Note que este amor (filandros, filoteknos) es algo que se aprende y se entrena. En tiempos de crisis matrimonial, la joven no debe correr a la psicología mundana, sino a la anciana sabia que le enseñará cómo perseverar y amar a su esposo.
- Debe enseñar prudencia, castidad y el cuidado del hogar (oikourgos). En un mundo que denigra el hogar, la anciana reverente enseña a la joven el valor incalculable de ser una «hacendosa en el hogar», edificando su casa (Proverbios 14:1).
- Un ministerio de enseñanza específico (Kalodidáskalos).
Conclusión
Amados hermanos, la iglesia del Señor necesita desesperadamente a estas mujeres «reverentes en su porte».
- A las hermanas mayores: No subestimen su valor. Ustedes no son el pasado de la iglesia; son las columnas de sabiduría del presente. Dios no las llama a retirarse, sino a «ser maestras del bien». Su conducta reverente es el argumento más fuerte contra la impiedad de este siglo. Que al verlas, las jóvenes digan: «Yo quiero envejecer con esa gracia y esa fe».
- A las jóvenes: Busquen a estas mujeres. No busquen consejos en las redes sociales ni en las modas pasajeras. Siéntense a los pies de las mujeres que han probado la fidelidad de Dios por décadas.
El propósito final de todo esto es sublime: «para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (Tito 2:5). Cuando la mujer mayor vive reverentemente y la joven aprende de ella, el Evangelio es adornado y el mundo tiene que guardar silencio ante la belleza de la santidad.
«Corona de honra es la vejez que se halla en el camino de justicia» (Proverbios 16:31).




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