Ciudadanos del Cielo en las urnas de la tierra

marzo 1, 2026

Por Luis Felipe Torres

Texto Base: Flp 4:8 «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»

La Analogía: El Navegante y la Estrella Polar

Imaginemos a un navegante cruzando un océano embravecido en medio de una tormenta eléctrica. Las olas, como las promesas políticas, suben y bajan con violencia; el viento, como los discursos de campaña, sopla de todas direcciones intentando desviar el rumbo. El navegante tiene que tomar decisiones sobre el timón para mantener a flote su barca en esas aguas territoriales, pero no busca su dirección en la espuma de las olas ni en el capricho del viento. Él levanta la mirada y busca la Estrella Polar, la única que permanece fija e inamovible mientras el mundo gira.

Nosotros somos ese navegante. Colombia es el mar en tempestad, pero nuestra Estrella Polar es la Palabra de Dios. Participamos en el proceso civil, pero nuestra dirección no viene del sentimiento popular, sino de la verdad eterna que no cambia con los ciclos electorales.

Introducción

Estimados hermanos en la fe, nos encontramos a las puertas de un hito que agita las aguas de nuestra nación: las elecciones legislativas y consultas interpartidistas del próximo 8 de marzo de 2026. Ante la polarización, el ruido de las redes sociales y la incertidumbre económica y de seguridad que embarga a Colombia, es imperativo que miremos no a los programas de hombres, sino al diseño eterno de Dios.

Bosquejo

Nuestra Identidad: Extranjeros con Responsabilidades Civiles.

Como iglesia, debemos recordar que nuestra verdadera ciudadanía no se define por una cédula o un censo.

  1. Ciudadanos celestiales: «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;» (Filipenses 3:20). No somos de este mundo, pero estamos en él para ser sal y luz (Mateo 5:13-16).
  2. Sometimiento por conciencia: El gobierno no es un invento humano, sino una institución delegada por Dios para mantener el orden. «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.» (Romanos 13:1).
  3. El límite de la obediencia: Si un gobierno exige lo que Dios prohíbe, nuestra lealtad es clara: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29).

Nuestra Misión: El Altar de la Oración antes que la Urna.

Antes de marcar un tarjetón el 8 de marzo, el cristiano debe haber «marcado» su corazón en la presencia de Dios.

  1. Orar por todos, sin excepción: Se nos exhorta a hacer rogativas, oraciones e intercesiones por todos los que están en eminencia (1 Timoteo 2:1-2).
  2. El propósito de la oración: No oramos para que gane «nuestro» candidato, sino «para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad» (1 Timoteo 2:2).
  3. La paz facilita el Evangelio: La estabilidad política es el terreno donde la semilla de la Palabra corre con menos estorbos. Dios tiene el control y puede influir en el corazón de los gobernantes (Proverbios 21:1).

Nuestro Filtro: Pensar conforme a la Virtud Cristiana.

En un escenario de discursos agresivos y propuestas de «disrupción institucional» , el apóstol Pablo nos entrega el manual de escrutinio en Filipenses 4:8.

  1. Todo lo que es verdadero: Debemos rechazar el chisme, el rumor y la mentira política. ¿Es la propuesta del candidato conforme a la realidad o es un engaño populista?
  2. Todo lo justo y puro: No podemos apoyar aquello que promueva la injusticia, la muerte o la inmoralidad, bajo el pretexto de «conveniencia económica».
  3. Lo de buen nombre y virtud: Si un candidato basa su campaña en el odio, la ira o la falta de honestidad, el cristiano no debe participar de ese espíritu.
  4. La aplicación práctica: Use su derecho al voto buscando el «partido menos mal» o aquel que mejor permita la libertad de adoración y la paz social.

El Peligro de la Confianza en el Hombre.

Colombia enfrenta retos fiscales, de seguridad y territoriales profundos.

  1. No hay Mesías políticos: La Biblia nos advierte contra poner la esperanza final en líderes terrenales. «No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación» (Salmos 146:3).
  2. El Reino inamovible: Mientras las coaliciones se forman y se rompen , nosotros servimos a un Rey cuyo trono es eterno.

Conclusión y Exhortación

Hermanos, la verdadera transformación de la sociedad no vendrá por un decreto presidencial o una reforma legislativa el 8 de marzo, sino por la purificación del corazón humano a través del Evangelio. Como enseñan los principios del cristianismo primitivo, no somos activistas políticos, sino embajadores de Cristo en una nación necesitada.

Aplicación Práctica:

  1. Limpie su altar: Antes de las elecciones, asegúrese de que sus manos son «santas», sin ira ni dudas contra sus gobernantes actuales o futuros.
  2. Infórmese con la Palabra: No permita que la televisión o las redes moldeen su moral. Que sea Filipenses 4:8 «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.» su guía para evaluar a cada aspirante.
  3. Vote con conciencia: Si decide votar, hágalo como quien rinde cuentas a Dios, no por pasión partidista, sino buscando el bienestar de la ciudad donde Dios le ha puesto.

Que el Dios de paz guarde vuestros pensamientos en Cristo Jesús mientras navegamos estos días de decisión nacional.

Esta entrada fue creada por:

Luis Felipe Torres

Un servidor más en la iglesia de Cristo Manizales, cristiano desde el año 1999, casado con una gran mujer, Juliana Arboleda y bendecido con 2 hermosos hijos, Maria Camila y Juan Felipe, con el deseo firme de servir a Dios con todo mi corazón y apoyar en lo que este a mi alcance o incluso más allá a muchos hermanos a nivel espiritual, emocional o mental. Un privilegio poder ser un siervo más del Señor.

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