La Luz que no se Apaga

marzo 8, 2026

Por Luis Felipe Torres Muñoz, Derechos Reservados 2026

Hermanos, hoy quiero compartir una imagen que vi y que me hizo pensar profundamente en nuestra vida como iglesia. Lee esta reflexión, NO desde el prejuicio, sino desde el amor por la Palabra.

Era un video: una vela encendida se acerca a una que está apagada y la enciende. Luego, esas dos encienden a otras, y así sucesivamente, hasta que una ciudad entera brilla en la oscuridad. La luz no se acaba, ¡se multiplica! El fuego se comparte y en lugar de disminuir, la llama se hace más grande y poderosa.

Así debería ser la iglesia del Señor. Jesús es la Llama principal, y nosotros, llamados a ser «la luz del mundo» (Mateo 5:14), tenemos la misión de encender a otros. Cuando un hermano brilla con un don: con fe, con amor o con sabiduría, no debería ser una amenaza para nosotros, sino una oportunidad para aprender y para que, juntos, iluminemos más.

El Peligro de Querer Apagar

Sin embargo, en el camino, a veces sucede lo contrario. En lugar de alegrarnos por la luz del hermano, aparece la envidia. Vemos a alguien que «brilla mucho» y, en lugar de acercarnos a su fuego para encendernos, surge el deseo de apagarlo. Tal vez por celos, por inseguridad, o porque su luz expone nuestras propias sombras.

Pero la Palabra de Dios es clara y nos advierte con amor:

  • La oración de Jesús es por nuestra UNIDAD, no por nuestra competencia. Jesús no oró para que fuéramos los mejores, sino para que seamos uno.

«Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.» (Juan 17:21).

  • No podemos llamarnos hijos de la Luz y vivir en tinieblas. Si Cristo, que es la Luz, vive en nosotros, nuestra naturaleza debe ser alumbrar, no oscurecer.

«El que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.» (Juan 3:21).

  • El modelo de liderazgo y relación entre nosotros no es el del mundo. En el mundo se compite, se pisotea al otro para sobresalir. Pero Jesús fue revolucionario:

«Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.» (Mateo 20:26).

Lecciones de la Historia que se Repite

Dios, en su misericordia, nos dejó ejemplos claros en las Escrituras «para nuestra enseñanza» (1 Corintios 10:11). La envidia no es un pecado nuevo; es un veneno antiguo que destruye familias y comunidades.

  • Caín y Abel: La ofrenda de Abel fue aceptada, y la luz de Caín se apagó por dentro. En lugar de buscar a Dios para arreglar su corazón, dejó que la envidia lo consumiera hasta matar a su propio hermano (Génesis 4).
  • José y sus hermanos: José tenía un propósito y una luz especial de parte de Dios. Sus hermanos, en lugar de alegrarse, «le aborrecieron, y no podían hablarle pacíficamente» (Génesis 37:4). Su envidia los llevó a venderlo como esclavo, intentando apagar su luz y su sueño. Pero la luz de Dios no puede ser apagada por la maldad humana; al final, el propósito de Dios prevaleció.

¿Qué pasa cuando intentamos apagar a otro?

  • Primero, nos apagamos a nosotros mismos. Al intentar oscurecer al hermano, nos alejamos de la fuente de Luz, que es Cristo. Nuestro testimonio se debilita y nuestra comunión con Dios se rompe.
  • Segundo, oscurecemos a la iglesia. Una vela que apaga a otra no hace más que aumentar la oscuridad a su alrededor. Una iglesia donde los hermanos compiten o se celan es una iglesia que no puede alumbrar a una ciudad.
  • Tercero, contristamos al Espíritu Santo. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz… y la envidia es todo lo contrario (Gálatas 5:19-21).

La Verdad Incómoda

Si hay un deseo en nuestro corazón de apagar a otro hermano porque su luz nos opaca, si nos sentimos amenazados por su crecimiento espiritual, es un llamado de atención urgente. No es una señal de madurez, sino de una profunda necesidad de encontrarnos con Jesús. Como bien reflexionaba: «Si eres un hermano que deseas apagar a otro porque brilla más que tú, necesitas examinar si realmente estás caminando en la luz.»

Conclusión: Aprendamos a Dar Luz

Hermanos, la iglesia no es un concurso de velas, es un candelero. No estamos para ver quién brilla más, sino para que, unidos, disipemos toda oscuridad.

Que nuestra oración sea la de Jesús: la unidad. Que nuestro fruto sea el amor. Que nuestra actitud sea la de Juan el Bautista, quien viendo la Luz verdadera (Jesús), exclamó con gozo: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (Juan 3:30).

  • Si ves una luz brillante, alégrate. Acércate a ella para encender la tuya.
  • Si tu luz es brillante, compártela. No la guardes para ti. Úsala para encender a los que están apagados, tibios o tristes.

Recordemos las palabras de Jesús:

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» (Mateo 5:16).

Que no seamos apagadores de sueños, sino encendedores de esperanza. Que nuestra iglesia sea como esa ciudad del video: totalmente iluminada por el amor de Dios, donde una luz enciende a otra, y juntas, hacemos la diferencia.

Esta entrada fue creada por:

Luis Felipe Torres

Un servidor más en la iglesia de Cristo Manizales, cristiano desde el año 1999, casado con una gran mujer, Juliana Arboleda y bendecido con 2 hermosos hijos, Maria Camila y Juan Felipe, con el deseo firme de servir a Dios con todo mi corazón y apoyar en lo que este a mi alcance o incluso más allá a muchos hermanos a nivel espiritual, emocional o mental. Un privilegio poder ser un siervo más del Señor.

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